WINNER EFFECT = Efecto Ganador
"Las cosas no cambian, cambiamos
nosotros"
(Henry David Thoreau)
A todos nos
gusta el éxito, vencer los retos que nos plantea nuestro día a día nos hace
sentir bien, y a su vez nos estimula para afrontar y vencer nuevos desafíos Esto
es lo que se conoce como winner effect o efecto ganador, bien dosificado el
efecto ganador impulsa la innovación, y nos hace más competitivos, pero cuidado
no hay que dejar que el éxito nos domine, de lo contrario el efecto puede
mostrar su faceta más dañina.
¿Porque queremos ganar siempre?
1.- Nos hace sentir bien, es como una mini
dosis de cocaína, es una droga
2.- Al ganar una vez probablemente ganaremos otra vez
¿Que produce el
éxito?
El
éxito produce efectos en nuestra mente y cerebro que nos hace sentir bien y
además es un estimulante para afrontar nuevos desafíos. Cada vez que ganamos
nuestra bioquímica cambia y segregamos más testosterona, y esta a su vez hace que aumenten
los niveles de dopamina, un neurotransmisor que activa los
circuitos neuronales con que elaboramos nuevos planes, objetivos
y estrategias, ganar hace que nos preparemos para volver a ganar.
Las
motivaciones y deseos humanos pueden verse condicionados por la práctica
repetida que aumenta el deseo y el poder, tener poder también aumenta el deseo
sexual.
Cada
vez que nos sentimos bien, ya sea porque alguien nos elogia, algún colega se
fija en nosotros o practicamos sexo.
Los
seres humanos estamos movidos por tres motivaciones inconscientes básicas:
·
Poder
·
Éxito
·
Pertenencia
Tener
poder es una forma de controlar
¿QUE HACE LA
DOPAMINA?
La dopamina
activa nuestro circuito de recompensa, el centro desde donde sentimos placer y que nos motiva
a repetir.
Si hemos
ganado una vez, queremos ganar más.
El éxito es
como una droga: Nos hace sentir mejor.
Elimina la
ansiedad,
Elimina los
miedos,
Elimina la
depresión,
Mejora las
capacidades cognitivas y
Nos hace ser
más creativos.
La razón de
que la cocaína sea una droga adictiva, es porque las drogas se adueñan del
circuito de recompensa, del grupo de neuronas que se encuentran dentro del
cerebro y producen dopamina. Lo que hace la dopamina es que reduce el cortisol
= disminuye el estress.
Y es que
necesitamos líderes, porque ellos dirigen a muchas personas.
¿El papel de la edad en el éxito?
Los Jóvenes
tienen más hambre de éxito, por la razón de que ven el horizonte muy lejos muy
lejano, por eso es que están dispuestos a hacer sacrificios para obtener
beneficios en el futuro.
En adultos se
ve el horizonte muy corto, eso hace que se sea menos ambicioso reducen los
niveles de Testosterona y dopamina, cuando eso ocurre, se ralentiza el
funcionamiento del resto del cerebro, por lo que el razonamiento va más
despacio por eso se vuelven más conservadores, sin embargo al tener poder, dan
la impresión de tener mucha fuerza, mucha agresividad y motivación al tener
poder los niveles de dopamina y testosterona se mantiene y esto puede ser un
fármaco antienvejecimiento muy muy potente.
Estudios de
laboratorio han evidenciado, por ejemplo, este efecto en algunas especies de
peces y ratones, cuyos individuos que habían vencido con anterioridad a
contiendas con congéneres suyos eran mejores en nuevos enfrentamientos.
Algunos
investigadores relacionan este comportamiento más competitivo y agresivo de los
vencedores con un aumento en los niveles de testosterona, hormona implicada con este
comportamiento, que los humanos también descargamos tras ciertas victorias: en
un partido de tenis, al invertir en bolsa, al presentarnos a una oposición…
Ante estos retos, la testosterona se dispara y se mantiene, induciendo un
estado de euforia que nos empuja a tomar riesgos. Nos encontramos entonces en
una situación de feedback positivo, en un círculo en el que la
propia euforia retroalimenta el éxito futuro. A ojos de la evolución, esto
significa el éxito del individuo (humano o no) y de su estirpe.
EFECTOS NOCIVOS DEL
EXITO
Sin
embargo, cuando llevamos mucho tiempo ganando, nuestro cerebro corre el riesgo
de intoxicarse. Un exceso de testosterona y dopamina puede hacer que nos
obsesionemos con el éxito y ya no importarían tanto los objetivos iniciales.
Además podría aumentar el
egocentrismo y
reducir la empatía.
¡Pero
cuidado! Este efecto está también relacionado con el de otra molécula: el cortisol,
la hormona del estrés. Cuando las finanzas no van bien, si los factores que no
controlamos nos dificultan vencer o si las circunstancias nos superan, es el
momento en que el cortisol inunda nuestro torrente sanguíneo, poniéndonos en
estado de ansiedad, con los inconvenientes que ello conlleva. Así que ganar
está bien, pero no siempre es posible. En este caso, cuando la ansiedad nos
embarga, quizá la mejor arma para no sucumbir sea saber gestionar las
emociones.
La neuroquímica del triunfo: ganar
una competencia inserta a un individuo en un circuito de recompensas positivas
en el que le es posible navegar la cresta de su propia testosterona hacia una
seguidilla de éxitos
El éxito es un circuito
virtuoso. Neural y experiencial. Un hombre que ha ganado antes una mesa
de póker se puede sentar a una mesa de póker y ganar solo bluffeando.
Pero si tú nunca has ganado y bluffeas difícilmente
te creerán. La vida es dura para los que ha sido dura; fácil para aquellos a
los que ha sido fácil.
John Coates explora el llamado
“efecto ganador” desde la relación que tiene la química del cuerpo y la
toma de riesgos. Este efecto opera a manera de una osmosis que auto-refuerza
las dos hormonas fundamentales en el éxito y el fracaso, la testosterona –u “hormona
de las burbujas financieras”– y el cortisol –”la hormona de los arrestos
económicos”. En los corredores de bolsa – así como en los atletas– la
testosterona se eleva pronunciadamente durante la prosperidad financiera, lo
que induce una euforia relacionada con la toma de riesgo, proveyendo un loop de
retroalimentación positiva en el que el éxito mismo se traduce en una ventaja
competitiva. En contraste, la hormona del estrés, el cortisol, se eleva
durante una crisis financiera: altos niveles sostenidos de cortisol hacen que
los corredores de bolsa sean más tímidos y generen una aversión a tomar
riesgos, lo cual los hace menos competitivos. Coates explica:
Biólogos
estudiando animales en el campo han notado que el animal que ha ganado en una
pelea o compitiendo por el territorio tiene más probabilidad de ganar en su
siguiente competencia. Este fenómeno ha sido observado en un gran número de
especies. Un descubrimiento así sugiere que el mero acto de ganar contribuye a
ganar posteriormente.
Para
llegar a esta conclusión los científicos descartaron otros factores como la
ventaja física de un animal –sus recursos metabólicos, musculares y
cardiovasculares– y controlaron sus motivaciones –su hambre, por ejemplo– y de
todas formas se encontró un efecto del ganador.
Esto
parece tener que ver con que si bien los niveles de testosterona suben durante
una confrontación, incrementando la velocidad de reacción, la agudez visual, la
perseverancia y quitando el temor, cuando la pelea termina el animal que vence
emerge con aún mayores niveles de testosterona mientras el perdedor tiene que
lidiar con una baja hormonal. Coates refuerza:
La vida para el ganador es más
gloriosa. Entra al siguiente nivel de competencia con niveles de testosterona
ya elevados, y este puesto a tono androgénico le otorga una ventaja que aumenta
sus posibilidades de volver a ganar. A través de este proceso, un animal puede
seguir un loop de retroalimentación positiva, en el
que la victoria lleva a niveles más altos de testosterona que a su ven llevan a
subsecuentes victorias.
Este
efecto seguramente puede extenderse de las peleas entre animales y la
compraventa de acciones a conductas sexuales y deportivas –y en general a todo
tipo de pruebas. La testosterona se vuelve un coeficiente químico de nuestra
confianza personal.
¿Cómo
irrumpir en este círculo testosterónico de ganancia si no se ha ganado antes?
Aquí seguramente interviene la disciplina y una especie de efecto placebo
generado a través de la imaginación, la capacidad de un individuo de sobreponerse
a sus experiencias negativas para imaginarse positivamente hasta el punto de
detonar una descarga neuroquímica. No es algo que parece fácil, pero en la
medida en la que se pueda asegurar pequeños triunfos la testosterona podrá
activar un circuito positivo de recompensa… y después ya sólo quedan las
mieles de dejarse ir.
“EL DOLOR DEL FRACASO ES DOS VECES MÁS INTENSO QUE LA FELICIDAD QUE SENTIMOS AL GANAR” DANIEL GOLEMAN
En el otro extremo se encuentra el fracaso.
Hay que aprender a llevar con naturalidad la posibilidad de fracasar. Estudios
psicológicos explican que las personas se enfrentan al fracaso según su
creencia implícita sobre el talento:
·
Enfoque fijo sobre el talento: Son personas
que piensan que el talento y las habilidades son innatas. Este tipo de persona
evita los desafíos, se rinde fácilmente ante los obstáculos, y considera
el esfuerzo innecesario. El fracaso para ellos significa carencia de talento y
por lo tanto su asimilación es dura.
·
Enfoque incremental sobre el talento:
Son personas que piensan que el talento es fruto del tesón y el esfuerzo por
mejorar. Aceptan desafíos, persisten ante obstáculos, y asumen el esfuerzo como
aprendizaje. El fracaso para ellos es la prueba de que se están esforzando y es
una estrategia para mejorar.
COMO SALIR DE NUESTRA ZONA DE CONFORT
1.- Hacer un esfuerzo consciente,
deliberado para tomar riesgos
2.- Haz una lista de 10 cosa que
podrías hacer mejor
3.- Escoge una o dos y lánzate a
hacerlos
4.- Haz pasos concretos para
conseguirlo Arriesgate
Fracasa, fracasa de nuevo, fracasa
mejor Samuel Beket
No es magia es inteligencia emocional
De
todo esto hay que aprender que tanto el éxito como el fracaso son valores que
hay que saber aprovechar en nuestro favor para crecer en nuestra vida. No
podemos dejar que el éxito cambie nuestros objetivos iniciales ni que nos haga
una persona egocéntrica. Al contrario, hay que aprovecharlo para seguir
creciendo con más confianza en lo que hacemos. Por otro lado, cuando fracasemos
en algo, tenemos que felicitarnos por el esfuerzo, y no por los resultados. Eso
nos permite mejorar y arriesgarnos más.
Ganar te hace más proclive a ganar de
nuevo. Si consigues resolver algo que se te resiste y que requiere cierto
esfuerzo, vences, y esto te da más ganas para salir airoso ante nuevos retos
que te plantee el futuro.
“nada contribuye a tu
propio éxito como tu éxito previo”
Aca el video:
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