jueves, 19 de septiembre de 2013

EFECTO GANADOR = WINNER EFFECT

WINNER EFFECT = Efecto Ganador
"Las cosas no cambian, cambiamos nosotros"
(Henry David Thoreau)

A todos nos gusta el éxito, vencer los retos que nos plantea nuestro día a día nos hace sentir bien, y a su vez nos estimula para afrontar y vencer nuevos desafíos Esto es lo que se conoce como winner effect  o efecto ganador, bien dosificado el efecto ganador impulsa la innovación, y nos hace más competitivos, pero cuidado no hay que dejar que el éxito nos domine, de lo contrario el efecto puede mostrar su faceta más dañina.

¿Porque queremos ganar siempre?
1.- Nos hace sentir bien, es como una mini dosis de cocaína, es una droga
2.- Al ganar una vez probablemente ganaremos otra vez

 

¿Que produce el éxito?

El éxito produce efectos en nuestra mente y cerebro que nos hace sentir bien y además es un estimulante para afrontar nuevos desafíos. Cada vez que ganamos nuestra bioquímica cambia y segregamos más testosterona, y esta a su vez hace que aumenten los niveles de dopamina, un neurotransmisor que activa los circuitos neuronales con que elaboramos nuevos planes, objetivos y estrategias, ganar hace que nos preparemos para volver a ganar.

Las motivaciones y deseos humanos pueden verse condicionados por la práctica repetida que aumenta el deseo y el poder, tener poder también aumenta el deseo sexual.
Cada vez que nos sentimos bien, ya sea porque alguien nos elogia, algún colega se fija en nosotros o practicamos sexo.


Los seres humanos estamos movidos por tres motivaciones inconscientes básicas:
·       Poder
·       Éxito
·       Pertenencia
Tener poder es una forma de controlar

¿QUE HACE LA DOPAMINA?

La dopamina activa nuestro circuito de recompensa, el centro desde donde sentimos placer y que nos motiva a repetir.
Si hemos ganado una vez, queremos ganar más.
El éxito es como una droga: Nos hace sentir mejor.
Elimina la ansiedad,
Elimina los miedos,
Elimina la depresión,
Mejora las capacidades cognitivas y
Nos hace ser más creativos.

La razón de que la cocaína sea una droga adictiva, es porque las drogas se adueñan del circuito de recompensa, del grupo de neuronas que se encuentran dentro del cerebro y producen dopamina. Lo que hace la dopamina es que reduce el cortisol = disminuye el estress.
Y es que necesitamos líderes, porque ellos dirigen a muchas personas. 

¿El papel de la edad en el éxito?

Los Jóvenes tienen más hambre de éxito, por la razón de que ven el horizonte muy lejos muy lejano, por eso es que están dispuestos a hacer sacrificios para obtener beneficios en el futuro.
En adultos se ve el horizonte muy corto, eso hace que se sea menos ambicioso reducen los niveles de Testosterona y dopamina, cuando eso ocurre, se ralentiza el funcionamiento del resto del cerebro, por lo que el razonamiento va más despacio por eso se vuelven más conservadores, sin embargo al tener poder, dan la impresión de tener mucha fuerza, mucha agresividad y motivación al tener poder los niveles de dopamina y testosterona se mantiene y esto puede ser un fármaco antienvejecimiento muy muy potente.    

Estudios de laboratorio han evidenciado, por ejemplo, este efecto en algunas especies de peces y ratones, cuyos individuos que habían vencido con anterioridad a contiendas con congéneres suyos eran mejores en nuevos enfrentamientos.

Algunos investigadores relacionan este comportamiento más competitivo y agresivo de los vencedores con un aumento en los niveles de testosterona, hormona implicada con este comportamiento, que los humanos también descargamos tras ciertas victorias: en un partido de tenis, al invertir en bolsa, al presentarnos a una oposición… Ante estos retos, la testosterona se dispara y se mantiene, induciendo un estado de euforia que nos empuja a tomar riesgos. Nos encontramos entonces en una situación de feedback positivo, en un círculo en el que la propia euforia retroalimenta el éxito futuro. A ojos de la evolución, esto significa el éxito del individuo (humano o no) y de su estirpe.




EFECTOS NOCIVOS DEL EXITO

Sin embargo, cuando llevamos mucho tiempo ganando, nuestro cerebro corre el riesgo de intoxicarse. Un exceso de testosterona y dopamina puede hacer que nos obsesionemos con el éxito y ya no importarían tanto los objetivos iniciales. Además podría aumentar el egocentrismo y reducir la empatía.

¡Pero cuidado! Este efecto está también relacionado con el de otra molécula: el cortisol, la hormona del estrés. Cuando las finanzas no van bien, si los factores que no controlamos nos dificultan vencer o si las circunstancias nos superan, es el momento en que el cortisol inunda nuestro torrente sanguíneo, poniéndonos en estado de ansiedad, con los inconvenientes que ello conlleva. Así que ganar está bien, pero no siempre es posible. En este caso, cuando la ansiedad nos embarga, quizá la mejor arma para no sucumbir sea saber gestionar las emociones.

La neuroquímica del triunfo: ganar una competencia inserta a un individuo en un circuito de recompensas positivas en el que le es posible navegar la cresta de su propia testosterona hacia una seguidilla de éxitos

El éxito es un circuito virtuoso. Neural y experiencial.  Un hombre que ha ganado antes una mesa de póker se puede sentar a una mesa de póker y ganar solo bluffeando. Pero si tú nunca has ganado y bluffeas difícilmente te creerán. La vida es dura para los que ha sido dura; fácil para aquellos a los que ha sido fácil. 
John Coates explora el llamado “efecto ganador” desde la relación que tiene la química del cuerpo y la toma de riesgos. Este efecto opera a manera de una osmosis que auto-refuerza las dos hormonas fundamentales en el éxito y el fracaso, la testosterona –u “hormona de las burbujas financieras”– y el cortisol –”la hormona de los arrestos económicos”. En los corredores de bolsa – así como en los atletas– la testosterona se eleva pronunciadamente durante la prosperidad financiera, lo que induce una euforia relacionada con la toma de riesgo, proveyendo un loop de retroalimentación positiva en el que el éxito mismo se traduce en una ventaja competitiva. En contraste, la hormona del estrés, el cortisol,  se eleva durante una crisis financiera: altos niveles sostenidos de cortisol hacen que los corredores de bolsa sean más tímidos y generen una aversión a tomar riesgos, lo cual los hace menos competitivos. Coates explica:
Biólogos estudiando animales en el campo han notado que el animal que ha ganado en una pelea o compitiendo por el territorio tiene más probabilidad de ganar en su siguiente competencia. Este fenómeno ha sido observado en un gran número de especies. Un descubrimiento así sugiere que el mero acto de ganar contribuye a ganar posteriormente.
Para llegar a esta conclusión los científicos descartaron otros factores como la ventaja física de un animal –sus recursos metabólicos, musculares y cardiovasculares– y controlaron sus motivaciones –su hambre, por ejemplo– y de todas formas se encontró un efecto del ganador.
Esto parece tener que ver con que si bien los niveles de testosterona suben durante una confrontación, incrementando la velocidad de reacción, la agudez visual, la perseverancia y quitando el temor, cuando la pelea termina el animal que vence emerge con aún mayores niveles de testosterona mientras el perdedor tiene que lidiar con una baja hormonal. Coates refuerza:
La vida para el ganador es más gloriosa. Entra al siguiente nivel de competencia con niveles de testosterona ya elevados, y este puesto a tono androgénico le otorga una ventaja que aumenta sus posibilidades de volver a ganar. A través de este proceso, un animal puede seguir un loop de retroalimentación positiva, en el que la victoria lleva a niveles más altos de testosterona que a su ven llevan a subsecuentes victorias.
Este efecto seguramente puede extenderse de las peleas entre animales  y la compraventa de acciones a conductas sexuales y deportivas –y en general a todo tipo de pruebas. La testosterona se vuelve un coeficiente químico de nuestra confianza personal.
¿Cómo irrumpir en este círculo testosterónico de ganancia si no se ha ganado antes? Aquí seguramente interviene la disciplina y una especie de efecto placebo generado a través de la imaginación, la capacidad de un individuo de sobreponerse a sus experiencias negativas para imaginarse positivamente hasta el punto de detonar una descarga neuroquímica. No es algo que parece fácil, pero en la medida en la que se pueda asegurar pequeños triunfos la testosterona podrá activar un circuito  positivo de recompensa… y después ya sólo quedan las mieles de dejarse ir.
“EL DOLOR DEL FRACASO ES DOS VECES MÁS INTENSO QUE LA FELICIDAD QUE SENTIMOS AL GANAR” DANIEL GOLEMAN

En el otro extremo se encuentra el fracaso. Hay que aprender a llevar con naturalidad la posibilidad de fracasar. Estudios psicológicos explican que las personas se enfrentan al fracaso según su creencia implícita sobre el talento:

·        Enfoque fijo sobre el talento: Son personas que piensan que el talento y las habilidades son innatas. Este tipo de persona evita los desafíos, se rinde fácilmente ante los obstáculos, y considera el esfuerzo innecesario. El fracaso para ellos significa carencia de talento y por lo tanto su asimilación es dura.
·        Enfoque incremental sobre el talento: Son personas que piensan que el talento es fruto del tesón y el esfuerzo por mejorar. Aceptan desafíos, persisten ante obstáculos, y asumen el esfuerzo como aprendizaje. El fracaso para ellos es la prueba de que se están esforzando y es una estrategia para mejorar.

COMO SALIR DE NUESTRA ZONA DE CONFORT
1.- Hacer un esfuerzo consciente, deliberado para tomar riesgos
2.- Haz una lista de 10 cosa que podrías hacer mejor
3.- Escoge una o dos y lánzate a hacerlos
4.- Haz pasos concretos para conseguirlo Arriesgate

Fracasa, fracasa de nuevo, fracasa mejor Samuel Beket
No es magia es inteligencia emocional

De todo esto hay que aprender que tanto el éxito como el fracaso son valores que hay que saber aprovechar en nuestro favor para crecer en nuestra vida. No podemos dejar que el éxito cambie nuestros objetivos iniciales ni que nos haga una persona egocéntrica. Al contrario, hay que aprovecharlo para seguir creciendo con más confianza en lo que hacemos. Por otro lado, cuando fracasemos en algo, tenemos que felicitarnos por el esfuerzo, y no por los resultados. Eso nos permite mejorar y arriesgarnos más.

Ganar te hace más proclive a ganar de nuevo. Si consigues resolver algo que se te resiste y que requiere cierto esfuerzo, vences, y esto te da más ganas para salir airoso ante nuevos retos que te plantee el futuro.
“nada contribuye a tu propio éxito como tu éxito previo”

Aca el video: 


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